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Cuando las marcas muestran sus productos a través de influencers en redes sociales, lo que buscan es generar una interacción más natural, esquivar la publicidad de antaño y así llegar con su público objetivo, intentando pasar desapercibidos, confiando en el líder de opinión que han elegido. Se estima que para las generaciones más jóvenes, un influencer de peso, puede ser el equivalente a una estrella de cine.

Este tipo de estrategias puede funcionar bastante bien, los usuarios valoran las opiniones de otras personas, además las marcas pueden utilizar a estos influencer para poder llegar a una audiencia determinada. Para 2019 se espera que la inversión en influencers siga creciendo, pero aquí es donde nos enfrentamos a un problema.

La idea de ser influencer suena bastante atractiva, te pagan para que hables y promociones ciertos productos, recibes otros de forma gratuita, es una manera muy lucrativa de vivir. El problema es cuando ciertos usuarios pretenden saltarse los pasos y deciden comprar seguidores falsos. Es una práctica habitual en el rubro, ya que no es caro, ni complicado de realizar.

Recordemos el caso de la agencia de publicidad que creó dos perfiles falsos de Instagram, compraron seguidores y llenaron sus feed de fotografías de bancos de imágenes ¿el resultados? varias marcas se contactaron con estas cuentas para poder realizar algún tipo de alianza comercial, sin siquiera analizar sus cuentas.

Detectar una cuenta repleta de seguidores falsos no es una tarea muy compleja, el primer paso es revisar la cantidad de seguidores, por ejemplo, si posee 40.000 seguidores y su interacción promedio es de 12 “Me gusta” y 1 comentario, digamos que no está llegando a su base de seguidores ¿por qué? es probable que sean falsos. El problema está en que ahora puedes comprar interacción, así es, pagar por bots que alimenten tus posteos para generar interacción falsa.

Desde Facebook (empresa dueña de Instagram) entienden que este tipo de comportamientos no solo va en contra de sus políticas, sino también es ilegal. En Nueva Zelanda llevaron ante la justicia a una empresa que realiza este tipo de prácticas (venta de seguidores falsos e interacción). Estimaron que la empresa había ganado unos 9 millones de dólares vendiendo estos servicios.

Facebook argumenta que este tipo de actividades interfiere con el servicio de su red social, y transforma la experiencia de forma negativa para los demás usuarios, además de acusar a la empresa de intentar influenciar fraudulentamente a usuarios de Instagram para su propio beneficio.

Te recordamos que comprar seguidores no es una práctica adecuada (primero porque lo más probable es que estés comprando solo bots). Ten en consideración que si te sorprenden recurriendo a estas prácticas, Instagram podría tomar acciones contra tu cuenta con un shadow ban, una acción que consiste en limitar la exposición de tu perfil en buscadores y en usuarios que no te siguen. Este tipo de “multa” se utiliza para atacar el spam, uso abusivo o inapropiado en Instagram, es una multa en silencio, ya que Instagram no te avisa que fuiste “baneado”.